miércoles, 23 de noviembre de 2011

Instantánea 5 -Cuba 1930 - Epílogo.(El desenlace)







CUBA 1930. Epílogo. (El desenlace)


Chicago 1928

Finalizando los años veinte, los Rheinhold padre e hijo seguían  su lucha  en USA por hacerse con  los  medios económicos necesarios para reunir a toda su familia. Nada más llegar  a Chicago mi abuelo había conseguido entrar  en la sinfónica como violinista, bajo los auspicios de lo que en la orquesta llamaban “el aplastante clan germano”. Mi tío en cambio tuvo que esperar un tiempo hasta que los hados le fueran propicios.




En cuanto a Onkel Willie, cuya invitación un par de años atrás había sido   la causante de la separación familiar, a sus 70 primaveras, cayó en la vorágine de una tormentosa  pasión: se enamoró de una “condesa rusa”, una de esas miles de condesas, la mayoría de ellas impostoras, que la revolución bolchevique había hecho huir de su país y que pululaban por todo el mundo con el solo bagaje de sus tristes historias. La señora, treinta años más joven que él, desorganizó sus disciplinadas neuronas y le sumergió en el mundo de la disipación y el alcohol. Parece ser que una noche, tras una velada de excesos en alguno de los antros propios del Chicago de aquellos años locos, de regreso a su casa y ya en su lecho de pasión, murió, supongo que feliz, en los brazos de su amada. Demasiado fuego para tan gastado cirio. Por supuesto la tal condesa arrampló, en un abrir y cerrar de ojos,  con todo lo que encontró a su paso dejando solo aquello que no le era de valor; el puesto de chelista que “Onkel Willy”, desempeñaba en la sinfónica.


Al poco tiempo aquel “aplastante clan germano” se ocupó de llenar esa vacante con el buen hacer de mi tío. Estupendo. Ahora los dos Rheinhold podían comenzar a planear en serio la llegada de las Jennys, madre e hija y de Dorchen, tal como aquel  día de la separación les prometieran.

Los Estados Unidos de Norteamérica estaban en esos momentos a punto de sumirse en una depresión que poco después se extendería por todo el mundo. En 1929, tras aquellos bien llamados Martes y Jueves Negros y la subsiguiente  debacle financiera, muchísimos ciudadanos del país se hundieron en una desesperación  que llegó a provocar una terrible ola de suicidios. El desempleo en el país aumentó en un insostenible 25%.



Esa contagiosa depresión y el malestar de los  pueblos ante sistemas que consideraban fallidos propició el surgimiento de dictadores.   En Alemania surgió el nacional-socialismo creando  la base para que, pocos años más tarde,  llegara al poder el gran genocida Adolf Hitler.



En Cuba las "Pfarry Sisters" continuaban  su ascenso artístico y la consolidación de su belleza. La abuela Jenny se enriquecía con las ganancias que su mina de oro le proporcionaba. Por fin parecía que todo iba viento en popa para la familia Pfarr. Pero el destino no estaba dispuesto a darles facilidades a las mellizas, particularmente en ese año 1930 que iba a ser prolijo en demoledores seísmos en ambas ramas de mi familia.


Los Reinhold desde USA, y a pesar de la malísima situación económica que atravesaba el país, lograron mandar a Cuba el dinero para los tres pasajes. La abuela Jenny ocultó este hecho a sus hijas, pues ni en sueños entraba en sus planes el renunciar a las libertades y bonanzas de las que estaba disfrutando. Y no hablemos de su gozosa inmersión en el sensual ambiente de esa Cuba que se le metió hasta los huesos. Así que el dinero pasó a engrosar su bolsa, recibiendo a cambio mi abuelo tan solo una solicitud de divorcio. Pero estas cosas resultan a la larga imposibles de esconder y mucho menos cuando de repente tu progenitora se lía con un señor negro y de vida bastante licenciosa.  Pronto mi madre y mi tía descubrieron la jugarreta monetaria y los adúlteros retozos maternos. Aquellos actos debieron provocarles tal  dolor y  desilusión que se alzó entre hijas y madre una pared de rechazo que tardaría decenas de años en desaparecer.

Clint Eastwood          Joan Woodward             Steve McQueen
Walt Disney y Mickey



Ese 1930, a pesar de ser un año de escaseces, fue abundante en nacimientos importantes, fundamentalmente en el mundo artístico. En Francia venían al mundo Jean Luc Godard, Claude Chabrol, Jean Louis Trintignant…En USA Gene Hackman, Joan Woodward, Steve McQueen, Clint Eastwood, Ray Charles...  No olvidemos que, también en ese año, el más famoso hijo de Walt Disney, Mickey Mouse, era presentado en sociedad.

Albert Eintein
Josephine Baker


En Italia nacía la inolvidable Silvana Mangano. En España, mientras la dimisión del Ministro de Hacienda Calvo Sotelo causaba la crisis del gobierno de Primo de Rivera, Josephine Baker debutaba, en medio del acostumbrado escándalo, en el teatro Metropolitano de Madrid. También en el 30 nacían los españoles Emma Penella, Arturo Fernández, Carmen Sevilla, Jesús Puente, el pintor Antonio Saura, Néstor Almendros...Y en Cuba,  quizá el mismo día en que Albert Einstein visitaba la isla invitado por la Academia de Ciencias, lanzaban sus primeros lloros dos grandes voces del bolero, las de Moraima Secada y Omara Portuondo. La gran sacerdotisa,  Elena Burke, se les había anticipado en veinte y pico meses. Ese mismo año la mujer cubana adquiría el derecho al voto.

Elena Burke - Moraima Secada - Omara Portuondo
En la isla, entre el susurro de las palmeras, el aroma de los jazmines,  la nocturna eclosión de estrellas como puños, el eterno fondo musical de las tumbadoras, las maracas, el güiro y a pesar de las palizas que los esbirros de Machado propinaban a sus detractores la vida continuaba como si todo lo ajeno a la alegría fuese insustancial.

Y  llegó el gran día, el día tan esperado por mi padre y su socio norteamericano, ese turbio  personaje que había instigado a Arsenio a entrar, aunque fuera indirectamente, en el mundo del espectáculo.

Cabaret Sans Sousci
Se inauguraba el cabaret más elegante de Cuba. El Sans Souci. 

Entre el público estaba la más alta sociedad habanera mezclada con innumerables norteamericanos venidos  para el acontecimiento. En los salones se desenvolvía con majestuosidad el más selecto equipo de camareros, atendiendo la sala de juegos expertos crupieres traídos de EE.UU. y en la lujosa pista brillaba un show de exquisita calidad en el que figuraba, como no, la pareja de bailes triunfadora en los grandes salones de la ciudad. Las Pfarry Sisters.

Se había iniciado la cuenta atrás.


Sin duda fue uno de esos flechazos de los que hablan las novelas de Corín Tellado.  Con  absoluta certeza  no hubo culpables puesto que no hay  corazón  inmune a las saetas de Cupido.

Las Pfarry Sisters 1930

Arsenio cada noche observaba las evoluciones de las mellizas en la pista, sus delicadas pero arrebatadoras maneras y deslumbrado por la belleza y el exotismo que emanaban cayó irremisiblemente enamorado. Es muy posible que en un primer momento ni siquiera supiera con claridad de cuál de las dos.



Es muy probable que, a medida que pasaban los días, el trato más afable y la innata coquetería de Dorchen  inclinaran la balanza, el caso es que, gracias a la complicidad de Jenny, a escondidas de la constante vigilancia de mi abuela, los enamorados  comenzaron a citarse en los múltiples escondites que proporcionaban los jardines que rodeaban Sans Souci. Resultado final: poco tiempo después mi padre solicitó a su esposa Amanda que le concediera el divorcio.

El Malecón de la Habana


La reacción fue inmediata y fulminante. Amanda, tras una rotunda negativa, habló con su padre. El padre habló con su amigo, el socio norteamericano, y  el socio norteamericano despidió a las “Pfarry Sisters”. Nada pudo hacer Arsenio, salvo tragarse los lloros de su mujer, los reproches de su suegro y los capciosos y soeces comentarios de su socio capitalista. Pero ni siquiera el cariño que sin duda sentía por Arseñito, el hijo que había nacido de su matrimonio, logró aplacar la furia de un amor que arremetía contra su pecho como las olas contra el malecón  en un día de tormenta y que le había hecho comprender, por vez primera, el aplastante poder  de ese sentimiento. 


Así que, siempre con la  amorosa ayuda de mi tía, la pareja continuó viéndose. Curiosamente esta vez las flechas de Cupido perecían haber atravesado tres corazones en lugar de los dos habituales.


Una tarde, estando mi padre a punto de traspasar la entrada a los jardines que antecedían en bastantes metros al edificio del cabaret, vio una figura agazapada tras un árbol cercano y escucho una joven voz masculina que le decía con un marcado acento gallego; "Don Arsenio, no entre usted, por Dios. Dentro le esperan tres individuos dispuestos a darle una paliza." La identidad del informante quedó para siempre en la incógnita, pues lo único que alcanzó mi padre a vislumbrar fue una chaqueta blanca de camarero escabulléndose entre la arboleda. O sea, que los continuos encuentros  de mis padres no eran en realidad   secretos y las represalias esperaban al pertinaz  adultero en el interior de aquel Sans Souci que con tanto mimo había ayudado a poner en funcionamiento.

Naturalmente Arsenio huyó del lugar. Se dirigió  a casa de  un hombre con el que desde hacía años compartía una gran amistad, y le pidió ayuda y cobijo. Desde ese escondite planeó la escapada. Mandó recado a su madre y a sus hermanas, comunicándoles sucintamente  sus planes y suplicándoles absoluta discreción, pues su vida estaba en juego. En un último y sigiloso encuentro clandestino con las mellizas les contó lo ocurrido y les rogó que escaparan con él hacia Puerto Rico, isla donde tenía varios importantes contactos que les proporcionarían trabajo y asilo.
Mi madre y mi padre 1930




No había otra solución ante la negativa de Amanda al divorcio y mucho menos ante la furiosa reacción de venganza que ponía la vida de mi padre en peligro. No creo que las "Pfarry Sisters” dudaran ni un minuto. El amor entre los tres era más potente que la incertidumbre ante un nuevo exilio. 

Arsenio solicitó  un préstamo a su amigo para comprar tres pasajes en el primer barco que saliera hacia la vecina isla. Las mellizas hicieron, a escondidas de la madre, un par de maletas con toda la ropa de actuar que cupiese en ellas y en medio de la protectora penumbra de la madrugada salieron, en primer lugar de la casa y, a la mañana siguiente, en compañía del que iba a ser su compañero para toda la vida, de aquella Cuba que con tanta generosidad les acogiera en sus mutuos exilios.  Así abandonó mi familia toda su vida anterior, llevando  con ellos  solo dos valijas  y un inmenso cargamento de talento, amor y juventud.





Próximo capítulo: La gran aventura Iberoamericana.


 


3 comentarios:

  1. Excelente trabajo. Más, más, queremos más.

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  2. Que historia maravillosa! El amor habló más alto!

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  3. Señora Farr, que riqueza de historias y que delicadeza para contarlas! Estoy fascinado con toda esa saga familiar que comparte con los lectores de su blog. Enhorabuena! No se detenga, que estas historias seran imperecederas mientras haya quien las pueda leer.

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