sábado, 30 de noviembre de 2013

Instantánea 101 - Lola Music-Hall



Retrato de Jesús Alcántara

Al volver de aquel mi primer y último regreso a Cuba, durante algún tiempo mi corazón estuvo dividido  entre la tristeza de lo visto y la emoción de lo experimentado. Por la parte positiva, tras tantos años de ausencia, había logrado reencontrarme con Lucy y su familia, con Emilia, con rostros queridos que me hicieron retroceder a momentos de mi juventud  y con las únicas cosas que no habían cambiado en la isla: su mar turquesa, de una tibieza y una  sensualidad  exclusiva, la sublime exageración de su flora y ese cielo en el cual los astros parecían existir engrandecidos y multiplicados.

Intenté comunicar mis sentimientos a Jesús y a mi madre, pero  no encontraba las palabras ni los adjetivos justos para hacerlo. Tanto en sus innatas virtudes como en sus inducidos defectos, sentía que Cuba, sus problemas y sus bellezas, eran cosas que solo  se podían apreciar en persona.

Me preocupaba advertir el paulatino deterioro de mi madre, su dificultoso caminar por la casa, echaba en falta el sonido de las patitas de mi perro Bobby sobre el parquet del suelo, pero aún así, la alegría de estar en mi hogar superaba las tristezas. “Home, sweet home”.

Con Dora, mi querida madre

 Por otra parte Jesús, en su estudio de la calle Príncipe, seguía siendo “el Rey de la Fotografía Teatral” y su círculo de amigos se incrementaba por días. Nadie que lo tratara podía evitar sentir cariño por el guapo malagueño.

Para mí aquellas navidades del 85, sin mis amigos Norberto, Picó y Vives, esos que se fueron de Madrid durante aquel año para abrirse nuevos caminos, no resultaron las más gloriosas de mi vida. (Ver Instantánea 99). A pesar de las frecuentes llamadas que nos intercambiábamos extrañaba su presencia mucho más de lo que había imaginado. Me parecía que no iba a ser fácil sustituir al buen elenco que había participado en la puesta en escena de aquella etapa de mi existencia. Eso se sumaba a la natural tristeza que nos provocaba la ausencia de papi y de mi querida tía Jenny, al vacío que semejantes pérdidas nos dejan en el alma y que se acentúa en esas fechas.


Foto  con María Gracia Mateu. Año 2000

Pero un día del mes de Enero recibí una llamada telefónica que me llenó de ilusión. Una muchacha desconocida, de nombre María Gracia Mateu, afirmó representar a  una sociedad que  tenía la pretensión de inaugurar un music-hall restaurante. Me dijo que, según su opinión y la de los socios principales, "tan solo la mujer que ha sido parte tan activa en el Music Hall Top Less, (ver Instantánea 78), está capacitada para crear  un sofisticado show que encaje con  la prestigiosa cocina del Restaurante El Amparo, poseedor de una Estrella Michelín,  y con la “alta clase” de nuestros socios inversores". O sea, que me creí ganadora del premio gordo en la lotería.   

Me proponían  que  pusiera en pie un espectáculo de menos de una hora y que lo dirigiera y coreografiase,   todo eso en los  tres meses que, según estaba planeado, faltaban para la inauguración. Y naturalmente que lo protagonizara.  

Tan solo una semana después de nuestro primer contacto, estaba yo presentando un detallado proyecto del show ante Carmen Guasp y algunos más de los socios principales. Y quedaron encantados. Así que ya solo era cuestión de comenzar las audiciones para seleccionar las cuatro chicas y los cinco chicos que formarían el ballet y comenzar los ensayos. La elección del elenco no fue tarea fácil puesto que todos los bailarines debían ser buenos en su oficio, bellos, lo bastante dúctiles para poder desempeñar distintos personajes y, en el caso de las chicas, tenían que estar dispuestas a hacer semi desnudo, ese toque de erotismo indispensable en todo music-hall que se precie.

De izquierda a derecha: Ellas, Ana González Sun, Sara Fernández  e Isi Fuster.
Ellos, Gustavo Masulli,  Manuel Hurtado y Joaquín Arjona
Finalmente la elección recayó en nueve jóvenes que encajaban  con mis exigencias. Las chicas eran  Isi Fuster, Mari Carmen García, Ana González Sun,  Sara Fernández; y los chicos, Paco Grimón, Joaquín Arjona, Tente Barrachina, Gustavo Masulli y Manuel Hurtado.  

Así que el reparto quedó compuesto por nueve bailarines y yo. Ese era todo el personal artístico  que cabería en un escenario de 5x4 metros. Y hablo en futuro ya que en esos momentos el local como tal aún no existía. Un cabaret gay de Madrid estaba siendo reconstruido enteramente para las necesidades de mi espectáculo. Aquel pequeño escenario, sin embargo, contaría con dos ascensores, uno central giratorio y uno  lateral que desembocaría en una balconada semi circular sobre la cual estaba previsto colocar también mesas. Todo lo que se me antojaba me era conseguido por María Gracia, entusiasmada con el proyecto casi tanto como yo. Ella era la mediadora entre la parte artística y los inversores y creédme que mediaba de maravilla.

Con Paco Grimón y Gustavo Masulli
Pero fue en las excavaciones para colocar el ascensor giratorio donde comenzaron una serie de problemas que se fueron complicando hasta llegar a parecer una maldición.

A pesar de que las obras eran dirigidas por un prestigioso arquitecto, al llegar a un punto en la extracción de tierra se advirtió que  por las paredes del agujero  se filtraba el agua de un riachuelo subterráneo con cuya existencia nadie contaba. Aquello era una hecatombe. Solo había dos posibles soluciones: o se suprimía el ascensor giratorio, con el correspondiente desdoro para el show, o había que traer máquinas de drenaje, aparatos secadores y después impermeabilizar las paredes. Aquello causaría una demora de meses en la fecha de la inauguración. Por suerte "los jefes" optaron  por la segunda opción y, aunque con una lentitud que nos desesperaba, las obras siguieron adelante. 


Como Marlene Dietrich


























El segundo tropiezo fue que el dueño del local adyacente, con la adquisición del cual se había contado para ampliar el aforo, de repente se echó atrás en su oferta de vender, a causa de lo cual el salón del  restaurante, previsto para más de cuarenta  mesas, vio reducida su capacidad al esmirriado número de veinte. Aún así se continuó con el proyecto. Y el tiempo pasaba. Los artistas sufríamos viendo surgir estos problemas, temiendo que, tras tantos meses de ensayos, todo se viniese abajo. Pero como, a pesar de todo,  las obras seguían nos halagaba pensar que esos inversores demostraban tener mucha fe en nuestro espectáculo para afrontar tal incremento en los gastos y tal futura merma en los ingresos. La cuestión es que,  tras nueve meses de tensos  ensayos, durante seis de los cuales hube de bregar con depresiones, stress generalizado y hasta conatos de deserción por parte de los bailarines, en octubre de 1986 abría sus puertas, con éxito apoteósico,  el cabaret-restaurante más exclusivo de Madrid. Lola Music-hall.


Como Rita Hayworth en Gilda


Se me había ocurrido basar el espectáculo en algo  siempre efectivo: la nostalgia. Tres partes de veinte minutos, sin intermedios, que comenzaban con Cuba años 30, continuaban con Alemania en los 40 y finalizaban con Hollywood años 50, regalaban al público pinceladas de música cubana, imágenes de la Alemania nazi, inspiradas en la película Cabaret y, para finalizar, parte del esplendoroso mundo del cine musical americano.


Como Cyd Charisse en Cantando bajo la lluvia.

El resultado era casi una hora  trepidante, sin pausas ni para aplausos  y escasos minutos para cambios de vestuario, durante los cuales yo pasaba de bolerista cubana a Marlene Dietrich, de Marlene a Cyd Charisse en Cantando bajo la lluvia, de Cyd a Rita Hayworth en Gilda y de Rita a Marilyn Monroe en Some like it hot. Complicadas caracterizaciones que debía realizar mientras los bailarines se lucían en escena haciendo de Carlos Gardel, de Drácula, de marineros americanos, de prostitutas,  de campesinas alemanas o de soldados nazis en coreografías realizadas  por mí y por la estupenda maestra y coreógrafa Nadine Boisbert.  Un trabajo de fina orfebrería. Un festín de música e imágenes.

Como Marilyn Monroe en Some like it hot,  con Paco Grimón y Tente Barrachina

No solamente el guión del show era de mi creación . También lo eran el diseño del vestuario y la elección de la música. El espectáculo era tan íntegramente personal  que hasta el montaje de las luces fue obra de mi alter ego, Jesús. Durante las tres noches, con sus correspondientes madrugadas, anteriores al estreno el pobre estuvo subido en una enorme escalera y colocando las luces para  los numerosos cambios de esos más de veinte números que  componían el espectáculo.

Pero todos los esfuerzos habían valido la pena. Lola Music Hall se convirtió en un lugar obligado para el jet set y para los personajes importantes que visitaban España. Por ejemplo, el presidente de Venezuela, Jaime Ramón Lusinchi, durante su viaje oficial a este país, hizo reservar el local en pleno para él, su séquito y sus amigos. Philippe Junot, el ex marido de Carolina de Mónaco, siempre acompañado por personalidades  de la alta sociedad, era frecuente cliente y entusiasta fan del show.




Todas las grandes figuras políticas y artísticas pasaron por allí. Pero nuestra más emocionante visita fue la de Rod Stewart, que estaba en España con el fin de dar un concierto en la Plaza de Toros de las Ventas. Puesto que su actuación no terminaría hasta pasadas las 12 de la noche, su representante  pidió que hiciéramos el espectáculo a las 2 de la madrugada para facilitar que el roquero, su equipo y algunos amigos pudieran disfrutar de lo que les habían definido como “la mejor cocina y el mejor show de Madrid”. Y así lo hicimos.


Al finalizar el show, Rod Stewart y yo

Aquella fue una madrugada memorable- Al finalizar el pase, Rod solicitó que acudiese a su mesa y en ella, tras escuchar sus parabienes, nos dieron las claras del alba charlando de mil cosas.

Sin duda el lugar aparentaba ser un gran éxito. Lista de espera de semanas y lleno total cada noche. Pero lo que el público no sabía era que, por muy abundante que fuera la clientela, el número de empleados  superaba al de clientes: dos aparcacoches, dos técnicos de luces y sonido, diez camareros, dos maîtres y más de una docena, entre chefs y  ayudantes, en una cocina mayor que el escenario. Eso aparte de los diez artistas que hacíamos el show.

Justo antes de Navidades del 86, Carmen Guasp la única cara que conocíamos de aquella sociedad que nos había contratado, nos comunicó que, al finalizar el actual periodo de 31 días de contrato, el mismo no sería prorrogado y que aquel Music-Hall, ese íntegro parto de mis entrañas, cerraría definitivamente. Adujo que  había resultado no ser un  buen negocio. Así, de repente.

Por supuesto el palo  fue tremendo. Enterrar un trabajo tan lleno de vida y al cual todos habíamos dedicado tanto tiempo y amor nos resultaba muy doloroso. Pero lo que más nos sorprendía era cómo  esos socios invisibles, tan importantes, tan doctos en los negocios, con tanta experiencia, entre otras cosas, en hostelería, no habían previsto, desde el momento en que la capacidad del local había quedado reducida a menos de veinte mesas, la absurdez de abrir un negocio cuya empleomanía  debía ser  igual al mayor número posible de clientes atendidos.



A Jesús y a mí siempre nos pareció  que algo raro había en ese proyecto, que la ligereza con que se aceptaron los enormes gastos extras causados por los problemas surgidos durante la rehabilitación del local no correspondía con la mentalidad de empresarios curtidos en esos menesteres de "adorar la peseta". Llegamos a pensar que se había tratado de una manera de justificar  pérdidas ante Hacienda o  de un asunto de blanqueo de dinero.

La única realidad fue que casi un año de trabajo físico e intelectual dio como fruto, aparte de las innegables satisfacciones personales, a tan solo tres meses de representaciones. Eso sí, de hermosas, exitosas representaciones. Lola desapareció injustamente pero la experiencia para mi fue intensa.

PD.
Las fotos de Lola Music-Hall:  Jesús Alcántara.

Necrológica.
Ha fallecido en Cuba, a los 88 años, uno de sus autores teatrales más emblemáticos, Abelardo Estorino. Con una extensa obra, que desde comienzos de la década de los 60 entusiasmó a público y crítica, , hubo de soportar, conjuntamente con autores como Virgilio Pinera y José Triana, la terrible marginación que, durante  aquel bien llamado "quinquenio gris", azotó a gran parte del  mundo de la intelectualidad  cubana. Aunque reconocido nuevamente, años después, por el sistema, sin duda murió con la tristeza de los años de aislamiento y persecución sufridos. Que en paz descanse.

Próximo capítulo. Inmersa en la música.

5 comentarios:

  1. Mis felicitaciones por el capitulo, por las fotos, por el éxito de IMÁGENES en el Lola’s Music Hall. Pero totalmente imperdonable que estando ya en 1986, en Madrid y no La Habana, no hubiera una grabación en video del espectáculo, que no hubiera siquiera un admirador que lo hiciera.
    Cuanto lamentamos -en plural- esta omisión.

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  2. Querida Yolanda!! No sabes que ilusión me ha hecho reencontrarte por estos lares!! Y me has hecho revivir una etapa preciosa. Te mando un beso enorme.
    Andrea Masulli

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  3. Whatever LOLA wants, LOLA gets...no matter what the future brings ...as time goes by. :-)

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  4. Tu idea para el espectáculo era magnífica! Y a juzgar por las fotografías, fantástico! Creíble en todos los personajes!

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  5. Ojalá pudieras recuperar ese espectáculo, Yolanda. Qué pena que tanto trabajo acabase tan pronto. Supongo que a veces lo artístico es inmiscible con lo económico.
    Emilio.


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