domingo, 16 de diciembre de 2012

Instantánea 55 - Las cosas se precipitan. (Segunda parte).


Mi segunda foto profesional en España
(postizo incluido)
A la mañana siguiente, muy temprano, me dijeron de nuevo que tenía una comunicación telefónica. Me lancé, descalza y en pijama hacia  el teléfono, creyendo que volvería a oír, viajando  desde Cuba, como en un milagro, las voces de los que tanto amaba, pero no fue así. “Hola Yolanda, perdona que te llame a estas horas pero estoy a punto de emprender vuelo hacia Canadá y no volveré en un par de días.  Soy Ana Esther. Nos conocimos este Año Viejo en casa de los Ortega. Quiero que sepas cuanto entiendo y admiro esa fidelidad que le guardas a tu profesión.  Durante mis vuelos, he tenido la oportunidad de establecer contacto con muchas personas, algunas  muy importantes.  Una de ellas es un gran manager de artistas, el señor B. Me he puesto en contacto con él,  le he hablado de ti y quiere conocerte. Dice que ya que tú aún  no te desenvuelves bien por Madrid él está dispuesto a desplazarse a la cafetería Scorpio que está cerca de tu residencia. Si estás de acuerdo le llamo y concierto la entrevista.” ¿Que si estaba de acuerdo? Le dije que incluso estaba dispuesta a besar sus pies como muestra de agradecimiento y que concertara esa reunión para LO ANTES POSIBLE. 

Unos minutos más tarde Ana Esther me comunicaba que el señor en cuestión me esperaría en dicha cafetería el día siguiente a las 6 de la tarde. Aquella era una oportunidad de oro pues yo sabía que tener un manager o un representante, en los países capitalistas, era la mejor manera de introducirse y consolidarse en el mundo del espectáculo. Cierto que ellos se llevaban un jugoso tanto por ciento de tu sueldo pero precisamente por eso eran los más interesados en conseguirte abundante trabajo.

Así que a las seis de la tarde del día siguiente Yolanda entraba en Scorpio con el mejor vestido de su escasísimo guardarropa, el rostro maquillado a fondo  gracias a los productos que su entusiasta amiga costarricense le había prestado,  abrigada con el elegante  abrigo de lana de camello, regalo de doña Rosa y, por supuesto, con su sufrido álbum de recortes bajo el brazo, fuente de información que para ese momento consideraba más que valiosa, imprescindible.

Al entrar quedé  sorprendida al ver que aquel importante “manager de artistas” estaba ya esperándome. No me fue difícil identificarle gracias a la descripción que de él me había dado Ana Esther. Rollizo, de escaso cabello teñido y cincuentón. Mientras me dirigía a su mesa mis piernas temblequeaban de tal manera que temí ser tomada por una borracha. “Una nueva oportunidad, Dios, te ruego que esta sea la definitiva”, aullaba mi corazón.

El señor B y yo estuvimos varios minutos conversando. En un principio todo versó  sobre Cuba y Fidel. Sus preguntas eran simples y mis repuestas cautas, pues en mi cerebro  estaba vigente esa prevención que, a pesar de la distancia, aún coartaba mi libertad de expresión. Pero hasta ese momento todo iba bien. Fue más tarde, al decirme el hombre  que le era importante saber  si tenía novio en España, y tras lanzarme   esta peliaguda pregunta “¿hasta dónde eres capaz de llegar para retomar tu profesión con garantía de éxito?”, cuando el ambiente comenzó a enrarecerse. Pero el colofón lo puso el hecho de que rechazara mi querido álbum con estas palabras; “mira niña, aquí eso no te va a servir para nada, a nadie le interesa lo que hayas hecho en esa isla perdida. Quémalo.” Si, en aquel momento en mi cerebro comenzó a sonar una sirena anunciando el inminente desastre. 

Pero, parece ser que la cara de póquer que conseguí lucir le animó a seguir hablando. “Estoy dispuesto a representarte pero con cuatro inexcusables condiciones. Primera, abandonarás de inmediato la residencia y te trasladarás a un apartamento que yo alquilaré para ti. Segunda, estarás siempre dispuesta, cuando yo te llame, a ser acompañante en Madrid de quien yo te indique y hasta que yo decida. Por supuesto no estarás obligada a realizar el sexo con el individuo en cuestión. Eso lo  harás si quieres y cobrarás o no por ello, según decidas, sin que sea asunto de mi incumbencia. Solo ten presente esto;  es imprescindible que el personaje  quede satisfecho con tu compañía. Tu dominio de varios idiomas puede serte muy útil a la hora de atender a directores, productores o actores extranjeros. A cambio de eso te garantizo trabajo en cine y televisión. Tercera condición, yo seré tu representante en exclusiva, es decir que no tendrás contacto con ningún otro y, si te llaman directamente para algún trabajo,  dirigirás las solicitudes siempre a mí. Y cuarta, lleguemos o no a un acuerdo, todo lo que esta tarde hemos hablado quedará  para siempre entre nosotros. Para demostrarte mi seriedad y eficacia te conseguiré un programa de televisión en días muy próximos. Ah, por cierto yo cobro el veinticinco por ciento de comisión en cada contrato.” Aquello parecía una pesadilla. ¡Esa inusitada proposición!  En un estado de total aturdimiento solo atiné a decirle que aquella era una decisión muy importante y que me diera unos días para pensármelo. Y así nos despedimos.

Huelga decir que aquella noche la pasé en blanco, dudando entre si aquel hombre era  un proxeneta o si ese era el proceso inevitable para conseguir trabajo en la tan denostada por el régimen castrista, “democracia corrupta”. En mi afán por conservar mi profesión, ¿qué precio estaba en realidad dispuesta a pagar? Aquello que B me proponía ¿no era una forma segura de perder  mi libertad y mi dignidad? La situación con mis protectores costarricenses estaba de una tirantez peligrosa (ver Instantánea 53) pero en absoluto me veía soportando el total sometimiento que implicaba la  propuesta del mánager. Por supuesto a nadie conté el resultado de la entrevista. Eso era algo que tenía que decidir por mí misma.

El showman Torrebuno

Para mi sorpresa, al día siguiente recibí una llamada de Televisión Española convocándome a grabar el play back de la canción que yo eligiese para el  programa de Torrebruno que se emitiría el sábado próximo. Escogí  Cae la nieve” (Tombe la neige), que Salvatore Adamo había popularizado hacía poco. Yo la tenía súper probada en Cuba y además encajaba con el estado actual de la climatología y de mi espíritu. B. sin duda era una persona poderosa en el medio y había cumplido su promesa con gran premura, pero,  era  tal la inseguridad y la vergüenza que me provocaba la drástica disyuntiva a la que me veía abocada que no les comuniqué a los Ortega lo de mi próxima aparición televisiva. Tan solo informé sobre ello a Ramón, a Jesús y a la familia Bobadilla, de la que hablaré más adelante, ya que,  a partir de aquella anécdota en el Parque del Retiro, (ver instantánea 54)  había decidido contarles a mis nuevos amigos, con pelos y señales,  la verdad sobre  mi profesión.  Por fortuna  esa verdad fue tomada por ellos con absoluta naturalidad e incluso con admiración. ¡Esas personas sí eran de mentalidad abierta!

La mañana que llegué al plató mi desazón eclipsaba la alegría que mi primer trabajo en la tele de mi Patria debería haberme producido.

Salomé en Eurovisión
Torrebruno era un showman italiano con tanta fama en España que vivía más tiempo aquí que en su país. De simpático físico, buena voz, agradable carácter y pequeña estatura se convirtió en una importante figura de la televisión española. En aquella ocasión la estrella de su programa musical era Salomé, quién un año después ganaría  el Festival de Eurovisión).

También paticipada un joven, novato  y muy meloso asturiano que, acompañado de su guitarra, cantaba composiciones propias, es decir, un cantautor llamado Víctor Manuel. 

Durante el ensayo de cámara aquel joven asturiano y yo nos dedicamos a esperar  nuestro turno inmersos en una amena charla que, en un principio, versó  sobre naderías  pero que, como siempre, finalizó centrándose en Cuba. Él confesó ser un gran admirador de Fidel y  yo me abstuve de hacer comentario alguno al respecto. No era el momento ni el lugar. De todos modos, ya había comprobado, para mi sorpresa, que  Castro estaba idealizado por la mayoría de mis compatriotas. La frase “lo que España necesita es un Fidel" “,  había escandalizado varias veces  mis oídos. El caso es que Víctor Manuel me pidió mi número de teléfono, de lo que  me escabullí con la excusa de que acababa de llegar y aún no lo tenía memorizado. ¡Lo que menos necesitaba yo en esos momentos eran complicaciones sentimentales! (Tiempo más tarde aquel muchachito se convertiría en un gran compositor y amante esposo de la cantante y actriz Ana Belén)

El cantautor Víctor Manuel

Estábamos inmersos en nuestro inocente flirteo cuando oí a uno de los cámaras dirigirse a  otro con estas palabras y en tono socarrón, “¿y esta putita quién es, otra de las “niñas” de B?” Por supuesto se refería a mí. Aquello fue como una bofetada, una afortunada bofetada que  disipó  las dudas que pudiera tener referentes a mi futuro. Yo NO iba a ser la “niña” de nadie. Yo no había viajado tantos kilómetros para convertirme en la “putita” de nadie. Cuando me llegara el momento  sería “la artista” Yolanda Farr. En trabajos pequeños y esporádicos, como  “figuración con frase”, si era necesario, con unas letras diminutas en las carteleras que ya me ocuparía yo de hacer crecer  poco a poco, pero siempre  Yolanda Farr, ni la protegida de…, ni la enchufada por…, ni la comerciante de mi cuerpo y mi libertad.

Al terminar la emisión del programa llamaría al famoso mánager, le daría  gracias  efusivas pero rechazaría su propuesta de un futuro juntos que no me interesaba en absoluto. Confiaba en que no se disgustara demasiado. No quería comenzar mi vida profesional haciéndome un enemigo tan importante.  Nunca había "pagado" por obtener un trabajo más que con mi profesionalidad y no estaba dispuesta a comenzar mi nueva trayectoria faltando a esa regla.

Pero, como ya dije en mi Instantánea anterior, la vida venía empujando con demasiada brusquedad hasta para una “superviviente” como yo.

Próximo capítulo. El ultimátum.

2 comentarios:

  1. ingenioso, entretenido, quiero más, me gusta.

    ResponderEliminar
  2. Hola Yolanda, no me extraña en lo más mínimo la forma de actuar del viejo Consul, ni la del señor B, tampoco los "fajones" de tu amiga en La Habana, ni el de Victor Manuel en Madrid. Es que TÚ m'hijita estabas !COMO PLÁTANO PA SINSONTE¡ No hay más que ver las foticos de la época.

    ResponderEliminar