viernes, 18 de mayo de 2012

Instantánea 29 - El desembarco en Bahía de Cochinos. Cuba 1961.

No hay palabras que describan mi desolación en aquel tiempo. Sin poder trabajar en mi profesión, aniquiladas todas mis esperanzas amorosas, habiendo despedido con tristeza a mis amigas Zoilita y Mimi, a las que sus familias, temerosas por lo que estaba sucediendo en Cuba, habían enviado al exilio con el corazón roto por la separación, con Emilia de presidenta del Comité de Defensa del barrio…(A pesar de que su elección política  obstaculizó en aquellos días nuestra amistad, ahora estoy segura de que  esa circunstancia, su posición política, me salvo numerosas veces de presiones y hasta de las persecuciones y represalias a las que los comités eran tan aficionados).
Lucy y yo. 1961

Pero el  hecho era que tan solo me quedaba Lucy, mi querida niña de chocolate, para desahogarme. ¡Cuántas lágrimas y quejas soportaron, ella y su adorable madre Cira, en esas visitas a su casa  en las que volcaba mis angustias! 
Aeropuerto Antonio Maceo bombardeado

En Abril del 61, mientras yo aún creía que Homero había sido fusilado, sucedió algo que a los miles de personas desilusionadas por el derrotero que había tomado la revolución, nos hizo vibrar de esperanza. El día 15 de ese mes, aviones norteamericanos bombardeaban las bases militares de Ciudad Libertad, en la Habana, San Antonio de los Baños y Antonio Maceo, en Santiago de Cuba. Estando mi casa bastante cerca de Ciudad Libertad, (el antiguo Columbia desde donde el dictador Batista había salido huyendo el 31 de Diciembre de 1958), pude oír  las explosiones y hasta sentir los aviones sobrevolando mi casa. Tal fue mi entusiasmo que, con la complicidad de mi piano, el cual se había convertido en mi amigo y aliado, puse al bombardeo el fondo musical de fogosas piezas como el Estudio Revolucionario de Chopin, El Vuelo del Moscardón de Rimsky-Korsakof  o La Danza del Sable, de Jachaturiam y estoy segura que nunca resultaron esas notas ejecutadas con tanta fiereza. Fueron horas llenas de emoción en las que por las calles de la Habana se oían atrevidos gritos de “¡al fin seremos libres!” y otras euforias por el estilo.

Pero "poco dura el pan en casa del pobre". En la madrugada del siguiente día, enjambres de enfurecidos policías del G2 y de miembros de los comités de defensa entraron a saco en los hogares, cargando con opositores, comprobados o probables. Estas recogidas se extendieron durante todo ese día. Aquel que fuese mínimamente sospechoso de ser “contrarrevolucionario”, todo el que tuviese algún familiar en el exilio fue detenido sin explicación alguna. Como las cárceles no daban abasto, miles de habaneros fueron recluidos en teatros o centros deportivos y allí hacinados permanecieron durante tres días, sin  condiciones sanitarias,  de forma inhumana y sin comunicación alguna con el exterior. Yo no fui tocada, en lo cual veo ahora, como digo con anterioridad, la protectora mano de mi amiga Emilia haciéndome eso comprobar que la amistad puede ser más fuerte que las mayores diferencias políticas.


Y el día 17, la Brigada 2506, compuesta por aproximadamente 1400 cubanos exiliados y con el apoyo de la aviación y la Marina Norteamericana, llegaban a la playa de Bahía de Cochinos. Su propósito era establecer un gobierno provisional que, tras las 72 horas de rigor que exigía la OEA, podría ser declarado oficial. Pero no es imaginable un  más nefasto  desembarco que el de esos brigadistas. Para empezar, la zona de Bahía de Cochinos estaba rodeada de un intrincado manglar, la Ciénaga de Zapata, plagada de cocodrilos y de la más variada colección de agresivos insectos.

Bombardeo al Houston

Además la ayuda interna que esperaban, en forma de levantamientos en las ciudades, había sido  castrada por aquel previsor  encarcelamiento de opositores. Para colmo la aviación castrista derribó 7 aviones americanos B26 y hundió los buques Houston y Río Escondido, cargados de armamento.

John F. Kennedy



Ante la noticia de tamaños desastres, el presidente de los EE.UU., John F. Kennedy, retiró al desembarco el resto del prometido apoyo militar, dejando a la tropa en tierra inhóspita y  abandonada a su suerte. Creo que nadie ha comprendido nunca tan tremendo desaguisado. En cuanto a los aviones de retropropulsión T 33 y los cazas Sea Fury que utilizaron los castristas para repeler el desembarco, paradógicamente, habían sido obsequios del gobierno norteamericano a Fulgencio Batista, anterior dictador de la isla, poco tiempo antes de su rastrera huida del país. Lo que sí quedó claro fue que los informadores del gobierno eran auténticos linces. Luego se supo que Castro estaba al tanto de la invasión gracias a una comunicación cifrada que el periodista argentino Rodolfo Walsh, el cual se encontraba trabajando en Cuba, había interceptado y descifrado.


Brigadistas prisioneros

El día 18 los brigadistas, sintiéndose abandonados, traicionados y hambrientos, se rindieron. Lo que a esto siguió solo puedo catalogarlo como denigrante. Muchos de los capturados fueron exhibidos y enjuiciados por televisión y hay que admitir que sus declaraciones y actitudes resultaron lamentables. Tal como lo vi lo relato. Los detractores de Castro intentábamos justificar a esos hombres diciendo que  estaban drogados o coaccionados, que tal vez el gobierno había amenazado con tomar represalias contra sus familiares en la isla, pero el caso es que el espectáculo que dieron fue penoso.

Carlos Alberto Badías
Foto cortesía de
Mª Argelia Vizcaíno

Me sorprendió sobremanera ver entre ellos a Carlos Alberto Badías, hijo del gran actor Carlos Badías y uno de esos apuestos jóvenes que tanto había admirado en mi adolescencia, cuando  formaba parte del famosísimo programa de radio De Fiesta con los Galanes. (Ver Instantánea 20). Cuando lo vi, enfrentándose a aquel despiadado interrogatorio ante las cámaras, rogué para que su actitud fuese más hidalga que la de sus compañeros pero lamento decir que no se diferenció en mucho a la tónica general. Tiempo después, tras conversaciones y tratos entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba, estos hombres fueron intercambiados por 53 millones de dólares en alimentos, medicinas y tractores. Un “coup de grace” formidable para las intenciones propagandistas de Fidel Castro. 


No he querido pasar por alto mi visión de estos hechos ni mis experiencias vividas durante esos frustrantes días. Aquel fracaso fue el desencadenante de aún más férreas represiones y muchos cubanos murieron por su causa. Aparte de los 176 muertos, de ambos bandos, contabilizados durante los días de contienda, algunas de las personas detenidas en las redadas preventivas del día 16 de abril no volvieron nunca a sus hogares y, según se dice, en las prisiones de Cuba se desató una oleada de fusilamientos. No tengo constancia de esto último pero sí la tengo del odio mortal que se desató entre hermanos de distinta ideología, algo que se convirtió en una enfermedad de la que Cuba nunca se ha curado.

Y el 1 de mayo, en uno de sus interminables discursos, Fidel pronunciaba estas palabras que acabarían de abrir los ojos de algunos cubanos indecisos:elecciones, ¿para qué?”



Próximo capítulo. La Alborada.

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