miércoles, 23 de noviembre de 2011

Instantánea 5 -Cuba 1930 - Epílogo.(El desenlace)







CUBA 1930. Epílogo. (El desenlace)


Chicago 1928

Finalizando los años veinte, los Rheinhold padre e hijo seguían  su lucha  en USA por hacerse con  los  medios económicos necesarios para reunir a toda su familia. Nada más llegar  a Chicago mi abuelo había conseguido entrar  en la sinfónica como violinista, bajo los auspicios de lo que en la orquesta llamaban “el aplastante clan germano”. Mi tío en cambio tuvo que esperar un tiempo hasta que los hados le fueran propicios.




En cuanto a Onkel Willie, cuya invitación un par de años atrás había sido   la causante de la separación familiar, a sus 70 primaveras, cayó en la vorágine de una tormentosa  pasión: se enamoró de una “condesa rusa”, una de esas miles de condesas, la mayoría de ellas impostoras, que la revolución bolchevique había hecho huir de su país y que pululaban por todo el mundo con el solo bagaje de sus tristes historias. La señora, treinta años más joven que él, desorganizó sus disciplinadas neuronas y le sumergió en el mundo de la disipación y el alcohol. Parece ser que una noche, tras una velada de excesos en alguno de los antros propios del Chicago de aquellos años locos, de regreso a su casa y ya en su lecho de pasión, murió, supongo que feliz, en los brazos de su amada. Demasiado fuego para tan gastado cirio. Por supuesto la tal condesa arrampló, en un abrir y cerrar de ojos,  con todo lo que encontró a su paso dejando solo aquello que no le era de valor; el puesto de chelista que “Onkel Willy”, desempeñaba en la sinfónica.


Al poco tiempo aquel “aplastante clan germano” se ocupó de llenar esa vacante con el buen hacer de mi tío. Estupendo. Ahora los dos Rheinhold podían comenzar a planear en serio la llegada de las Jennys, madre e hija y de Dorchen, tal como aquel  día de la separación les prometieran.

Los Estados Unidos de Norteamérica estaban en esos momentos a punto de sumirse en una depresión que poco después se extendería por todo el mundo. En 1929, tras aquellos bien llamados Martes y Jueves Negros y la subsiguiente  debacle financiera, muchísimos ciudadanos del país se hundieron en una desesperación  que llegó a provocar una terrible ola de suicidios. El desempleo en el país aumentó en un insostenible 25%.



Esa contagiosa depresión y el malestar de los  pueblos ante sistemas que consideraban fallidos propició el surgimiento de dictadores.   En Alemania surgió el nacional-socialismo creando  la base para que, pocos años más tarde,  llegara al poder el gran genocida Adolf Hitler.



En Cuba las "Pfarry Sisters" continuaban  su ascenso artístico y la consolidación de su belleza. La abuela Jenny se enriquecía con las ganancias que su mina de oro le proporcionaba. Por fin parecía que todo iba viento en popa para la familia Pfarr. Pero el destino no estaba dispuesto a darles facilidades a las mellizas, particularmente en ese año 1930 que iba a ser prolijo en demoledores seísmos en ambas ramas de mi familia.


Los Reinhold desde USA, y a pesar de la malísima situación económica que atravesaba el país, lograron mandar a Cuba el dinero para los tres pasajes. La abuela Jenny ocultó este hecho a sus hijas, pues ni en sueños entraba en sus planes el renunciar a las libertades y bonanzas de las que estaba disfrutando. Y no hablemos de su gozosa inmersión en el sensual ambiente de esa Cuba que se le metió hasta los huesos. Así que el dinero pasó a engrosar su bolsa, recibiendo a cambio mi abuelo tan solo una solicitud de divorcio. Pero estas cosas resultan a la larga imposibles de esconder y mucho menos cuando de repente tu progenitora se lía con un señor negro y de vida bastante licenciosa.  Pronto mi madre y mi tía descubrieron la jugarreta monetaria y los adúlteros retozos maternos. Aquellos actos debieron provocarles tal  dolor y  desilusión que se alzó entre hijas y madre una pared de rechazo que tardaría decenas de años en desaparecer.

Clint Eastwood          Joan Woodward             Steve McQueen
Walt Disney y Mickey



Ese 1930, a pesar de ser un año de escaseces, fue abundante en nacimientos importantes, fundamentalmente en el mundo artístico. En Francia venían al mundo Jean Luc Godard, Claude Chabrol, Jean Louis Trintignant…En USA Gene Hackman, Joan Woodward, Steve McQueen, Clint Eastwood, Ray Charles...  No olvidemos que, también en ese año, el más famoso hijo de Walt Disney, Mickey Mouse, era presentado en sociedad.

Albert Eintein
Josephine Baker


En Italia nacía la inolvidable Silvana Mangano. En España, mientras la dimisión del Ministro de Hacienda Calvo Sotelo causaba la crisis del gobierno de Primo de Rivera, Josephine Baker debutaba, en medio del acostumbrado escándalo, en el teatro Metropolitano de Madrid. También en el 30 nacían los españoles Emma Penella, Arturo Fernández, Carmen Sevilla, Jesús Puente, el pintor Antonio Saura, Néstor Almendros...Y en Cuba,  quizá el mismo día en que Albert Einstein visitaba la isla invitado por la Academia de Ciencias, lanzaban sus primeros lloros dos grandes voces del bolero, las de Moraima Secada y Omara Portuondo. La gran sacerdotisa,  Elena Burke, se les había anticipado en veinte y pico meses. Ese mismo año la mujer cubana adquiría el derecho al voto.

Elena Burke - Moraima Secada - Omara Portuondo
En la isla, entre el susurro de las palmeras, el aroma de los jazmines,  la nocturna eclosión de estrellas como puños, el eterno fondo musical de las tumbadoras, las maracas, el güiro y a pesar de las palizas que los esbirros de Machado propinaban a sus detractores la vida continuaba como si todo lo ajeno a la alegría fuese insustancial.

Y  llegó el gran día, el día tan esperado por mi padre y su socio norteamericano, ese turbio  personaje que había instigado a Arsenio a entrar, aunque fuera indirectamente, en el mundo del espectáculo.

Cabaret Sans Sousci
Se inauguraba el cabaret más elegante de Cuba. El Sans Souci. 

Entre el público estaba la más alta sociedad habanera mezclada con innumerables norteamericanos venidos  para el acontecimiento. En los salones se desenvolvía con majestuosidad el más selecto equipo de camareros, atendiendo la sala de juegos expertos crupieres traídos de EE.UU. y en la lujosa pista brillaba un show de exquisita calidad en el que figuraba, como no, la pareja de bailes triunfadora en los grandes salones de la ciudad. Las Pfarry Sisters.

Se había iniciado la cuenta atrás.


Sin duda fue uno de esos flechazos de los que hablan las novelas de Corín Tellado.  Con  absoluta certeza  no hubo culpables puesto que no hay  corazón  inmune a las saetas de Cupido.

Las Pfarry Sisters 1930

Arsenio cada noche observaba las evoluciones de las mellizas en la pista, sus delicadas pero arrebatadoras maneras y deslumbrado por la belleza y el exotismo que emanaban cayó irremisiblemente enamorado. Es muy posible que en un primer momento ni siquiera supiera con claridad de cuál de las dos.



Es muy probable que, a medida que pasaban los días, el trato más afable y la innata coquetería de Dorchen  inclinaran la balanza, el caso es que, gracias a la complicidad de Jenny, a escondidas de la constante vigilancia de mi abuela, los enamorados  comenzaron a citarse en los múltiples escondites que proporcionaban los jardines que rodeaban Sans Souci. Resultado final: poco tiempo después mi padre solicitó a su esposa Amanda que le concediera el divorcio.

El Malecón de la Habana


La reacción fue inmediata y fulminante. Amanda, tras una rotunda negativa, habló con su padre. El padre habló con su amigo, el socio norteamericano, y  el socio norteamericano despidió a las “Pfarry Sisters”. Nada pudo hacer Arsenio, salvo tragarse los lloros de su mujer, los reproches de su suegro y los capciosos y soeces comentarios de su socio capitalista. Pero ni siquiera el cariño que sin duda sentía por Arseñito, el hijo que había nacido de su matrimonio, logró aplacar la furia de un amor que arremetía contra su pecho como las olas contra el malecón  en un día de tormenta y que le había hecho comprender, por vez primera, el aplastante poder  de ese sentimiento. 


Así que, siempre con la  amorosa ayuda de mi tía, la pareja continuó viéndose. Curiosamente esta vez las flechas de Cupido perecían haber atravesado tres corazones en lugar de los dos habituales.


Una tarde, estando mi padre a punto de traspasar la entrada a los jardines que antecedían en bastantes metros al edificio del cabaret, vio una figura agazapada tras un árbol cercano y escucho una joven voz masculina que le decía con un marcado acento gallego; "Don Arsenio, no entre usted, por Dios. Dentro le esperan tres individuos dispuestos a darle una paliza." La identidad del informante quedó para siempre en la incógnita, pues lo único que alcanzó mi padre a vislumbrar fue una chaqueta blanca de camarero escabulléndose entre la arboleda. O sea, que los continuos encuentros  de mis padres no eran en realidad   secretos y las represalias esperaban al pertinaz  adultero en el interior de aquel Sans Souci que con tanto mimo había ayudado a poner en funcionamiento.

Naturalmente Arsenio huyó del lugar. Se dirigió  a casa de  un hombre con el que desde hacía años compartía una gran amistad, y le pidió ayuda y cobijo. Desde ese escondite planeó la escapada. Mandó recado a su madre y a sus hermanas, comunicándoles sucintamente  sus planes y suplicándoles absoluta discreción, pues su vida estaba en juego. En un último y sigiloso encuentro clandestino con las mellizas les contó lo ocurrido y les rogó que escaparan con él hacia Puerto Rico, isla donde tenía varios importantes contactos que les proporcionarían trabajo y asilo.
Mi madre y mi padre 1930




No había otra solución ante la negativa de Amanda al divorcio y mucho menos ante la furiosa reacción de venganza que ponía la vida de mi padre en peligro. No creo que las "Pfarry Sisters” dudaran ni un minuto. El amor entre los tres era más potente que la incertidumbre ante un nuevo exilio. 

Arsenio solicitó  un préstamo a su amigo para comprar tres pasajes en el primer barco que saliera hacia la vecina isla. Las mellizas hicieron, a escondidas de la madre, un par de maletas con toda la ropa de actuar que cupiese en ellas y en medio de la protectora penumbra de la madrugada salieron, en primer lugar de la casa y, a la mañana siguiente, en compañía del que iba a ser su compañero para toda la vida, de aquella Cuba que con tanta generosidad les acogiera en sus mutuos exilios.  Así abandonó mi familia toda su vida anterior, llevando  con ellos  solo dos valijas  y un inmenso cargamento de talento, amor y juventud.





Próximo capítulo: La gran aventura Iberoamericana.


 


jueves, 17 de noviembre de 2011

Instantánea 4 - Cuba 1926 - 2ª Parte


Castillo del Morro (La Habana)
¡Cuán terribles fueron aquellos primeros tiempos para el pobre gallegiño que en 1916 llegara de polizón a la isla,  con 15 años y totalmente solo en Cuba,  con tan escasa cultura y tanta hambre! Contaba mi padre que cada mañana acudía al mercado y buscaba entre la basura esas frutas, exóticas para él, que los vendedores tiraban por estar algo pasadas, o maculadas, demasiado pequeñas o verdes. Piezas que para él resultaban  manjares y que los compradores despreciaban por imperfectas.



Anones, mangos, plátanos, papayas, piñas que llenaban su boca de dulzores, su estómago de calorías y su alma de esperanza. Después de ese frugal desayuno-almuerzo nunca faltaba alguien que aceptara sus servicios para descargar carretas, colocar artículos en los mostradores o barrer el suelo del mercado. Eso le aseguraba el regalo de alguna barra de pan y  de más  frutas que él guardaba para la cena, a veces tantas que hasta podía compartirlas con algún que otro vagabundo, cosa que ciertamente no faltaba en aquellos tiempos por las calles de La Habana.



Como  el muchachito se había ganado rápidamente, por su simpatía y esfuerzo, la confianza de los comerciantes  pronto pasó a convertirse en recadero, en transportador de enormes paquetes que, con diligencia y siempre con una sonrisa, entregaba en hogares que estaban a veces a muchas cuadras de distancia y tras subir empinadas escaleras. La proverbial generosidad del cubano le proporcionaba entonces  propinas que él guardaba, centavo a centavo, níquel a níquel, en un viejo calcetín. Las noches las pasaba durmiendo en algún portal o sobre un banco pero aquello no era problema alguno. El cálido clima de la isla, unos  viejos periódicos estratégicamente colocados y el cansancio le permitían dormir a pierna suelta.
El Templete ( La Habana)



Durante meses esa fue su vida. Sin tocar ni uno de esos centavos que recibía y desesperado porque aquel calcetín no engordaba lo suficiente para cumplir su propósito: pagar los viajes desde España de sus cuatro seres queridos. A saber cuantas veces fue en peregrinación al templete, o cuantas vueltas le dio a la célebre ceiba para que su deseo le fuese concedido. Pero…


Pronto comprendió que ni con ruegos ni con ese sistema de vida  lograría su empeño, así que decidió que el camino a seguir en adelante era el del estudio. Se matriculó en una escuela pública. Y estudió y estudió y estudió con el mismo afán con que proseguía sus labores de recadero. La cosa se iba complicando pero eso era algo que nunca le amedrentó.


En la bodega


Un día, uno de los clientes fijos del mercado, un bigotudo gallego dueño de una bodega, conmovido por su esfuerzo y “coterraneidad”, le ofreció cobijo en el almacén y trabajo tras el mostrador de su tienda,  con un salario que para mi padre debió resultar una bendición, por muy ínfimo que fuese..























Dos años después, convertido en un gallardo joven, tenía ya el diploma de secretariado y un montón de calcetines llenos de monedas, lo cual comprendía con toda claridad que no era aún ni remotamente suficiente.  Pero no habría obstáculo infranqueable entre él y el cumplimiento de la promesa a su familia. Así que con su flamante diploma fechado en el año 1918 se lanzó a la búsqueda de un empleo más adecuado y lucrativo.


El Presidente Wilson con la comisión
estadounidense de la paz
en el Palacio de Versalles

En esa misma fecha, en medio de una Primera Guerra Mundial, que afortunadamente en nada estaba afectando a la hermosa isla de Cuba, el presidente de EE.UU. Woodrow Wilson exponía sus famosos 14 puntos que debían asegurar la paz en Europa y que dio pie ese Tratado de Versalles que pondría final a la sangrienta contienda que desbastó Europa. En Kansas se detectaba el primer caso de la mal llamada Gripe Española, enfermedad que causaría la muerte al 2% por ciento de la población mundial y el contagio  del terrible virus a un 20%. En contra de lo que el nombre de esa pandemia daba a entender, la misma no se inició en España. Fue denominada así por la absurda razón de que la prensa española le dio más atención  que la que le prestaban otros países, otras naciones involucradas en aquella guerra mundial a cuya evolución, como es natural dedicaban mayor cobertura.



Los alemanes utilizaban por primera vez armas químicas en los frentes de batalla. Esos terribles gases tóxicos.

La Guerra civil rusa, que comenzó  tras la abdicación del Zar Nicolás II en 1917, estaba a punto de provocar el mayor cisma social del siglo veinte. En un principio los bolcheviques León Trosky y Vladimir Illich Lenin ocuparon puestos estratégicos en Petrogrado pero, al poco tiempo, las diferencias políticas  obligaron a Trosky a asilarse en Méjico donde acabaría siendo asesinado por un agente español, Ramón Mercader.
El Zar Nicolás II y su familia

El ex Zar Nicolás II fue fusilado, junto con su familia, algunos de los cuales fueron rematados a palos en un salón de la casa Ipátiev el 16 de Junio del 1918.  Uno de esos actos de crueldad que las revoluciones tienden a propiciar.
Manolete         Zsa Zsa Gabor       Pedro Infante

Cuando en ese año nacen Nelson Mandela y Anuar el-Sadat,  John F. Kennedy, tenía escasamente un año, al igual que el maestro del toreo Manolete, Pedro Infante, una de las mejores voces de Méjico o la explosiva Zsa Zsa Gabor.
Mata Hari

Mientras, en París era detenida  la más controvertida y bella espía, Mata Hari, exótica bailarina que en esos momentos llenaba de admiración y fervor los salones  de la ciudad. Aun que bajo dudas, que por cierto siguen vigentes, la hermosa mujer, nacida en Los Países Bajos, fue fusilada a los pocos meses,  dejando tras de sí una estela de misterio que perdura hasta nuestros días.


El tiempo iba pasando en la vida  de nuestro protagonista. Arsenio, que finalmente consiguió  trabajo como secretario en un importante bufete de abogados, con la ayuda de un jefe que había quedado prendado por sus virtudes, logró traer a su familia. Gloria, su madre, y sus hermanas estaban en Cuba desde 1922, años antes de que la familia Pfarr arribara a la Perla de las Antillas.  Las niñas llorosas que dejara mi padre en Ourense, Carmen y Mercedes, se iban convirtiendo en bonitas mujeres y Olimpia, aquel  bebé que en brazos de su madre y en la angustiada compañía de sus hermanos había sido expulsado de la aldea tras el oneroso asesinato de su padre, era ahora una traviesa y alegre niña a punto de dejar de serlo.



Mi abuela Gloria con mi padre
En 1926 Arsenio contrajo matrimonio con Amanda, la hija de su jefe, todo un acontecimiento social debido a la posición del padre de la novia, prestigioso abogado, y  al año siguiente  la abuela Gloria era bendecida con su primer nieto: Arseñito.  La relación entre suegro y yerno había sido excelente desde que el joven inmigrante entró a formar parte de su plantilla. El famoso suegro proclamaba que Arsenio era el hijo que siempre había deseado tener y como tal lo trataba.



Entre los abundantes clientes del bufete había un norteamericano, de dudosa reputación pero abundante fortuna,  que disfrutaba conversando con mi padre, riendo como un chiquillo con su chapurreado inglés y con aquel dulce acento gallego que nunca perdió. Un día, a comienzos del 1929, el norteamericano  propuso al gallego ser su socio en lo que el describió como “el mejor y más lujoso cabaret de La Habana”. La inauguración estaba prevista para el año siguiente y, tras algunas consultas familiares, Arsenio aceptó.


Lo que Arsenio Mariño no imaginaba era que acababa de comprar un pasaje sin retorno para la más arriesgada y hermosa experiencia de su vida.

Próximo capítulo: Cuba 1926 - Epílogo (el desenlace).

sábado, 12 de noviembre de 2011

Instantánea 3- Cuba 1926 - 1ª Parte

CUBA 1926 (1ª Parte)

Ay, aquellos locos, felices años veinte, los Golden Twenties, que llenaron de glamour, alegría y riqueza a casi todos los países desarrollados. El nacimiento del Charleston, el auge de las Jazz Bands... Aquella descocada vida que  reinó en EE.UU a pesar de la promulgación, en 1920, de la ley seca. Que maravilla, esos fantásticos músicos floreciendo   bajo el auspicio de los cientos de garitos que brotaban a escondidas, pero en generoso contubernio con  la policía. Lugares que se fueron convirtiendo , gracias a las abundantes ganancias que producía la venta del prohibido alcohol y de otras drogas, en grandes night clubs. Aquellos centros de música, alegría, gánsters y desenfrenada locura.


En esa década, que realmente no fue tal ya que la euforia duró de 1922 al 1929, grandes eventos conmocionaban al mundo: Lindberg realizaba el primer vuelo transoceánico, la Bell Telephone Company, desde New York, lograba la primera trasmisión de imágenes a distancia, las mujeres accedían al sufragio por primera vez en algunos países de América del Sur, como por ejemplo en Ecuador.  Coolidge, ese injustamente casi desconocido presidente de EE.UU., firmaba la importante "Indian Citizenship Act", primera acta que equiparaba y garantizaba los derechos de las tribus indias de Norte América. En España se estrenaba El Sombrero de Tres Picos de Manuel de Falla con decorados de Picasso,  se instituía la Sociedad de Naciones, etc. En la parte negativa los marines invadían Nicaragua, en Méjico Pancho Villa moría asesinado, Japón se apoderaba de Corea y de las colonias que Alemania tenía en el Pacífico mientras los germanos sufrían en su país el estado de excepción y una inflación que se disparaba sin contención.
Greta Garbo                Melvyn Douglas                Mae West
 
Pero al otro lado del Atlántico, Hollywood se estaba internacionalizando y adoptando a grandes estrellas extranjeras como Pola Negri, polaca, Greta Garbo, sueca, Rodolfo Valentino, italiano,  Lillian Gish o Charles Chaplin, británicos, Mary Pickford, canadiense, artistas que rivalizaban en los corazones del público con Mae West,  Harold Lloyd o Melvyn Douglas, oriundos de Norte América.




La Garbo rodaba  su primera película en la meca del cine, “El Torrente”, en 1926, el mismo año  en que Einsenstein filmaba en Rusia su obra maestra, “El Acorazado Potemkin”.  El cine, que aún era mudo,  había cautivado al espectador casi desde sus comienzos, convirtiéndose en una  productiva industria. Si Hollywood deslumbraba con producciones llenas de  belleza y lujo en Alemania surgía el expresionismo cinematográfico. Films como Metrópolis, de Frits Lang,  El Gabinete del Doctor Galigari, de Weine o el Nosferatu, de Murnao, la primera visión cinematográfica de esos vampiros que han llegado hasta nuestra época con tanto éxito, asombraban por su fuerza visual a un público prácticamente novato y deslumbrado con eso del milagro del celuloide. En el año 1927, mientras en China un terrible seísmo callaba para siempre a 200.000 bocas, Hollywood hablaba por primera vez en una película sonora, El cantante de Jazz.
De izquierda a derecha: Rheinhold hijo, Rheinhold padre, Dorchen,
Jenny hija y Jenny madre recién llegados a La Habana

Como veréis, cuando en el año 26 la familia Pfarr llegó a tierras cubanas huyendo del estado de excepción y de la imparable inflación alemana, cuando arribaron a esa isla cuya belleza embriagaba a nacionales y extranjeros, provocando en unos y otros milagros de música, colores, aromas y sensualidad, cosas muy importantes pasaban o estaban a punto de pasar en el mundo.


Las mellizas, a sus diez y seis años, también debieron sentir como cosas importantes ocurrían dentro de ellas. Sus hormonas, por muy germanas que fuesen, debieron experimentar la revolución que el trópico provoca, la ebriedad que los perfumes tan cubanos a galán de noche o madreselva, producen en el alma, sumiéndolas en el desconcierto propio de la pubertad. Malos tiempos fueron, sin duda, para todos ellos, desconocedores del idioma, asfixiados por la exuberancia de un paisaje y unos nativos tan diferentes a los de su país natal, roto todo vínculo con su patria y su pasado, a miles y miles de kilómetros.
Las Pfarry Sisters
Las Pfarry Sisters

Mi madre y mi tía, ya bajo el nombre artístico de “Las Pfarry Sisters”, habían dejado de ser niñas prodigio y se habían convertido en adolescentes y en el proyecto inminente de dos bellas mujeres. Sus maneras europeas, su exótico acento y la originalidad de sus bailes comenzaron a abrirles las puertas, aunque fuesen de servicio, de la alta sociedad. Eran llamadas a menudo para amenizar  fiestas  organizadas por los casinos y sociedades, convirtiéndose así en el principal sostén económico de la familia. La mencionada originalidad de sus danzas consistía en que, desde la infancia y debido a las marcadas diferencias físicas entre ambas, mi tía era pequeña y frágil y mi madre  alta y fuerte, una fungía de chica y la otra de chico. Eso, que durante la infancia berlinesa había causado gracia y simpatía, acabó despertando el morbo del público, aunque solo fuese porque la imagen de una mujer vestida de hombre era algo inusitado en aquellos tiempos. Así entraban por los ojos del respetable, pero acaban quedándose en sus corazones gracias a la clase  y el vigor que imprimían a sus bailes.
Wilhem Rheinhold (Onkel Willy) con la banda del ejercito.
Berlin. 

Rheinhold padre e hijo no hallaban camino para su virtuosismo en una Cuba pródiga en arte y artistas pero cuyo fuerte no era ni remotamente la música clásica. Alguna que otra vez mi abuelo conseguía dar un recital en un centro cultural y en alguna ocasión  mi tío, es posible que más por su juventud y apostura que por su innegable destreza pianística, era contratado para interpretar valses y una que otra pieza ligerita en la puesta de largo de alguna “pepilla” de clase alta.


Así que, frustrados artísticamente y heridos en su orgullo masculino, decidieron aceptar la sugerencia que, por medio de cartas, les había hecho Onkel Willy, un tío de mi abuelo que hacía ya años había emigrado de Alemania a E.E.U.U. “Mein geliebt neffe Rheinhold, (mi querido sobrino Rheinhold), veniros a Chicago. Yo vivo aquí desde hace cuatro años y he logrado entrar en la sinfónica de chelista. Son varios los músicos alemanes que tocan en la orquesta, muy bien considerados por cierto, y es muy  posible que logre introducirte en ella”, les escribía. Así pues, en 1927, solo un año y pico tras su llegada a Cuba, los dos hombres de la familia emprendieron un nuevo exilio; el camino hacia Norte América,   con la  intención de labrarse una posición y reclamar al resto de la familia. Su partida debió estar llena de angustia y temor por los que dejaban atrás. Temores que, mire usted por donde, resultaron absurdos pues mi abuela Jenny, que sin duda llevaba con fiereza en su sangre el matriarcado, tomó la batuta y conservó su hogar, con rigor y disciplina,  no solo a flote si no boyante. Las “Pfarry Sisters” fueron aumentando su prestigio y con él sus honorarios, pingües beneficios que iban a engrosar la bolsa de la madre.
Capitolio de La Habana
Escalinata de la Universidad

Cuba en aquellos tiempos estaba gobernada por Gerardo Machado, quien a parte de sangrientas palizas a disidentes y asesinatos a opositores, dejó para la posteridad obras como el Capitolio de La Habana, la carretera central que une  la isla de occidente a oriente como un cordón umbilical o esa hermosa escalinata de la Universidad que sería escenario, en un futuro, de incontables revueltas estudiantiles, es decir, actos de repudio a  gobiernos que se caracterizaban  por el latrocinio y la represión. Realmente esa hermosa Cuba tuvo casi siempre suerte nefasta con sus gobernantes.

Pero volviendo al caso que nos interesa: Las “Pfarry Sisters”, es decir mi madre y mi tía, pasaron de entrar en las mansiones de la alta sociedad por la puerta de servicio a ser figuras reclamadas y admiradas en los mejores salones y cabarets de la Habana. Paso a paso. Poco a poco. Eso sí, con mi abuela Jenny de continua “madre del artista” o chaperona. 


Sin duda las mellizas, Dorchen y Jenny, debían estar hartas de ser explotadas desde pequeñas. Es imposible, para quién no lo haya experimentado, comprender   lo que significa para un niño perder su niñez, ese tiempo de juegos y despreocupación que no se recupera nunca,  en aras  del beneficio ajeno. 



Y entonces, a principios de 1930, se inauguró en La Habana uno de los cabarets más lujosos del mundo: el Sans Souci, lugar emblemático en cuyo seno  se iba a fraguar la más hermosa y trágica historia de amor.


Próximo capítulo. Cuba 1926 - 2ª Parte

sábado, 5 de noviembre de 2011

Instantánea 2: Monforte de Lemos


Monforte de Lemos. Principios del siglo XX


María Cristina de Habsburgo, la esposa de Alfonso XII era la regente de España en 1901, año en que Arsenio nació. No es que eso tuviera relevancia en la pequeña aldea de Orense en la que vino al mundo, aquel caserío compuesto de unas pocas chozas y cuyos ocupantes vivían única y exclusivamente para el cultivo de unas  tierras arrendadas  a un cacique explotador .  La pobre María Cristina había tenido que cargar con las graves consecuencias que trajeron a España  la pérdida del dominio español sobre Cuba y Filipinas y era notorio el estado de guerra que se iba extendiendo por  la península a causa del malestar general y la agitación obrera.





En el año 1902 Alfonso XIII inició un agitado reinado que duraría hasta 1923. Galicia era, por aquellos días, una región abandonada de la mano de Dios y del rey. En Orense el índice de analfabetismo era del 56%,  el sistema de comunicaciones era infame y los habitantes de muchas de las aldeas que poblaban la campiña ni siquiera figuraban en el censo. Sin embargo en Madrid, capital del reino, bajo los auspicios del soberano, el mundo de la cultura estaba experimentando un auge sublime. El ámbito de las letras como el de la música o el de la pintura estaban pariendo, amamantando o viendo desarrollarse a muchos de los grandes genios de ese siglo veinte.





Gracias al impulso de Antonio Maura, presidente del gobierno, en el 1910  se inauguró la Residencia de Estudiantes Madrileña. Pero no nos  dejemos influir por el nombre ya que aquel lugar era mucho más que un simple hábitat de estudiantes.  Principalmente era el centro de reuniones y conferencias elegido por el mundo artístico e intelectual del momento.  Por ella pasaron  músicos como Falla, Granados, Albéniz, Turina, pintores como Sorolla, Matilla, Dalí, Picasso y prácticamente todos los escritores de la fecunda Generación del 27. ¡Aquellos encuentros  deben haber sido  maravillosos!  


Pero mientras tanto en Galicia, Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal, luchaban para llevar la más elemental alfabetización a los campos y hasta a muchas ciudades gallegas. Sobre todo,  intentaban eliminar aquel conservadurismo tan machista que impedía a las mujeres el acceso a la enseñanza. Y ese era el mundo en que vivía Gloria, futura madre de Arsenio, pero  como privilegiada hija de un maestro progresista que le fue trasmitiendo conocimientos hasta en día en que  el amor por un hermoso e inculto mancebo la arrancara de sus brazos y de Monforte, Lugo



Por aquellos días Salvador, futuro padre de Arsenio, solía dirigirse a la ciudad cargando con las verduras y frutas que lograba salvar de la rapiña de su arrendatario,  ofreciéndolas de casa en casa. Así se conocieron y así se enamoraron, ella imbuida por el romanticismo de la época y por aquellas novelas de la Pardo Bazán  y él enajenado por su belleza y por ese halo de cultura que más tarde llegó a detestar. Y tras una boda relámpago y  para gran disgusto del padre, a la aldea dirigieron sus vidas los recién esposados señores Mariño.




Agria debió ser la existencia de Gloria en un ambiente tan hostil.  Mientras Albeniz componía entre el 1905 y el 1908 su obra maestra, la “Suite Iberia”, el británico William Hoover inventaba la aspiradora, la norteamericana Alva Fisher, en 1910, patentaba la lavadora, ella fue encalleciendo sus manos y pariendo  hijos: tres niñas cuyos nombres serían Carmen, Mercedes y Olimpia y  un varón, Arsenio, el que, como primogénito,  cuidaba con esmero de sus hermanas. Ninguno de ellos tuvo acceso a la escolarización pero desde muy temprana edad aprendieron, de manos de Gloria, los rudimentos de la lectura. Al principio, a escondidas del padre, ella solía lanzar las cenizas del fuego sobre el suelo del llar y con su  dedo dibujaba las vocales y consonantes de ese idioma gallego que adoraba. Más adelante fueron los textos de  Pardo Bazán y Concepción Arenal, libros que había conseguido conservar de su pasado, los que amenizaban las lecturas de ese sector de la familia.

Una noche, Salvador, que solía pasar largas horas  en la única tasca de la aldea, llegó a jugarse a su mujer, ebrio de orujo y ludopatía,  perdiéndola  a las cartas. La  tasquera, testigo de aquello e indignada, decidió contar a Gloria lo que estaba pasando y en una carrera tan veloz que casi no  hundía sus pies en el fango del sendero, llegó a la morada de los Mariño y lanzó al aire la noticia. Cuentan que la épica imagen de Gloria, perol en mano, destrozando a “perolazos”, ante los impávidos parroquianos, la mesa de juego en la que su marido se había jugado su honor, fue algo que la aldea nunca olvidó.  

Otra noche Salvador no volvió a la casa tras aquellas jornadas de sol a sol a las que obligaba el patrón. Tampoco lo hizo esa madrugada. Pero aquello no era  inusual. Inusual fue  a la mañana siguiente ver al Señorito trotar hacia la casa a lomos de su caballo roano, y espantoso comprobar que aquel bulto que traía a la grupa era el cuerpo  acribillado del padre de familia.  “Desde hay días sospeitaba que este cabrón roldaba a miña casa e a miña muller. Tedes un día para abandonar as miñas terras”. (“Desde hace tiempo sospechaba que este cabrón rondaba mi casa  y a mi mujer. Tenéis un día para abandonar mis tierras”), dijo mientras dejaba caer al fango el agujereado cadáver. Debió ser una imagen impresionante la de aquel momento. Gloria, con su hija Olimpia aún en brazos, dos niñas aterradas, Mercedes y Carmen, agarradas a su falda mientras de sus ojos comenzaba a manar una catarata de  lágrimas y, erguido a su lado un frágil muchachito de catorce años, con los puños apretados hasta hacer brotar la sangre de sus palmas en un afán por contener la furia y el dolor. En ese mismo momento Arsenio comprendió  que, a partir de entonces, él era el hombre de la casa y que su misión era salvar lo que quedaba de la familia.

A la mañana siguiente, con los pocos hatillos que contenían sus pertenencias, a bordo de una destartalada carreta prestada, se dirigieron a Monforte,  a casa de ese padre que años atrás Gloria, cegada de amor e inconsciencia, abandonara. Sin duda fueron bien acogidos. Sin duda aquel buen anciano les brindo cobijo, pero Arsenio, al que la tragedia convirtió en hombre de la noche  a la mañana,  comprendió que su obligación era ofrecer a la familia la oportunidad de un futuro mejor.






Por boca de un indiano  que había querido volver a su terruño para  morir, Arsenio supo, allá en la aldea,  de América y sus posibilidades. Así que un buen día y tras prometer a su madre y sus hermanas que mandaría muy pronto a buscarlas, se subió clandestinamente en un tren de mercancías con rumbo a Vigo y una vez allí abordó, en plan polizón, un carguero que se dirigía a las Américas.   Unas jornadas más tarde, ya en alta mar, fue descubierto por la marinería, con la fortuna de que el "galleguiño" que capitaneaba el barco fuese un hombre compasivo. Es decir que, en lugar de arrojarle por la borda, acto muy usual en aquellos días, decidió tomarle como pinche.Y  gracias a ese acto de bondad  bastante tiempo después Arsenio Mariño desembarcaba  en el puerto de la Habana . Catorce años tenía mi padre en esos momentos.

Cuando sus alpargatas tocaron suelo cubano, en el año 1916, gobernaba la isla el presidente Aurelio Mario García Menocal, general del ejército mambí, Cuba era una isla aún convulsa tras la reciente Guerra de Independencia.

Puedo casi ver la desgarbada figura de un adolescente, gorra en mano como señal de respeto ante las maravillas que sus ojos descubrían, caminando por el Paseo del Prado o deslumbrándose frente al impresionante Malecón. 

Y en ese hermoso país, aquel jovencísimo gallego nacido en una aldea de Monforte de Lemos, Lugo y con el alma llena de morriña, dedicó su vida a trabajar en lo que se terciase, de chico de los recados, de amanuense en una fábrica de puros,   estudiando al mismo tiempo en los colegios públicos nocturnos, intentando labrarse una posición económica que le permitiera recuperar a la adorada familia. Cosa que logró tras ardua lucha algunos años más tarde.  ¡Olé por mi padre!



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