sábado, 21 de septiembre de 2013

Instantánea 91 - Un año de resaca.



Foto de Jesús Alcántara


Me ha sorprendido la reacción de algunos de mis lectores, sobre todo los españoles, ante mi capítulo anterior, esa síntesis del intento de  golpe de estado sucedido en este país en septiembre de 1981. “Pues, no me di cuenta de que la cosa fuese tan seria”,  “no estaba enterado de tantos detalles” o incluso “¿puedes creer que ni me acordaba?” Es increíble la facultad que tenemos los seres humanos de pasar por las más espesas junglas, plagadas de fieras y alimañas, sin mirar a nuestro alrededor, sin tener verdadera consciencia del peligro que nos rodea, como caracoles  metidos en esa casita que habitamos y que convertimos en nuestro único mundo. Sí, señor, estoy sorprendida. Aunque en verdad no debería.  No tras haber vivido en Cuba la Crisis de los Misiles, esos días en los que se estuvo jugando con el futuro del mundo sin que una gran parte del pueblo cubano tuviese noción de lo cercana que tuvimos esa tercera guerra mundial, y sobre todo, de lo aniquiladora que podía haber sido. Cierto que nuestra extrema juventud de entonces y el aislamiento al que el gobierno castrista nos tenía sometidos nos anestesiaba, pero, en mayor o menor medida, pienso que la tendencia humana a desvincularse de toda realidad que no sea la de su acomodaticia cotidianidad es una constante. Aunque, pensándolo bien, es muy posible que esto, en lugar de un defecto, sea un regalo Divino.

España salió victoriosa de  la  intentona golpista, pero con una resaca que tardó tiempo en desaparecer. Eran frecuentes y bulliciosas las manifestaciones callejeras en contra de una involución política y el partido socialista se fortalecía ante el escarmiento sufrido por la extrema derecha. 

El nuevo presidente del gobierno Leopoldo Calvo Sotelo, investido 2 días después del fallido golpe, tan solo estuvo en su cargo de septiembre del 81 a diciembre del 82. Tal vez por la tensa situación que le tocó vivir o quizá a  causa de la descomposición de su partido, UCD, es este un personaje gris, como demuestra la poca duración de su  presidencia. Nada importante se puede decir de él ni de su mandato, excepto la presentación ante el congreso, y posterior aceptación, de la ley del divorcio.

Dejando a un lado la política os contaré que, en ese año, mi vida  siguió el difícil rumbo que marcaba el país,  bailando, como todo el mundo, al ritmo de la crisis. Ningún empresario se atrevía a iniciar grandes proyectos y las subvenciones estatales para el cine y el teatro comenzaron a escasear. Dicen que los artistas siempre nos quejamos de nuestra situación, que llevamos proclamando la muerte del teatro casi desde sus inicios, pero es innegable que, en los malos momentos, es el sector cultural el que sufre los mayores recortes en las ayudas del estado. Por otra parte los problemas económicos siempre redundan en una menor asistencia a los espectáculos. Ya se sabe que la cultura no es un artículo de primera necesidad. Al menos así dicen.


O sea que, salvo por el estreno de la película Los hijos de papá, que había rodado el año anterior, y un muy grato reencuentro con Pepe Sacristán en la filmación del cortometraje  Guzmán el bueno, los primeros meses del año fueron bastante estériles para mí.

De Los hijos de papá guardo la maravillosa experiencia de haber trabajado con mis dos actores más admirados; Irene Gutiérrez Caba y Pepe Bódalo, auténticos “monstruos” de la interpretación. La película, dirigida por Rafael Gil y basada en un best seller  de  Fernando Vizcaíno Casas, fue un gran éxito para la productora, y a mí me aportó la satisfacción de interpretar en cine,  por primera vez, el papel de una señora “normal”, es decir, de una esposa y ama de casa. Como ya dije en un capítulo anterior, estaba un poco harta de que solo se me concibiera en personajes sensuales y provocativos y de que, a mis 40 años, los directores consideraran que no podía hacer de “madre de una chica de veinte, pues nadie se lo creería”. Tenía que conseguir que aceptaran mi salto hacia la madurez o a mi carrera frente a las cámaras le quedaba poco tiempo.


En cuanto a Guzmán el bueno, dirigida por Raimundo García, ganadora del Colón de Oro en el Festival Cinematográfico de Huelva bajo el nombre de ·Coplas de Don Guzmán, se trataba de una sátira, de una desmitificación de la historia de Alfonso Pérez de Guzmán, militar del siglo XIII que, durante la defensa de la ciudad de Tarifa, prefirió ver a su hijo asesinado, a los pies mismos de su castillo por los moros,  antes que rendirse. Mi papel era una divertidísima parodia de su mujer, María Coronel. Aquel fue  un rodaje en el que disfruté trabajando codo a codo con Pepe Sacristán, ese estupendo actor que había sido mi compañero en la obra  Haz bien y no mires a quién, años atrás.  



Foto fija de Guzmán el bueno.
Jesús, por su parte, comenzaba a ser considerado “el fotógrafo de los artistas”, destronando a un Gyenes, gran profesional pero ya un poco demodé, y a Cabrera, que aunque parezca mentira, aún realizaba los retratos con placas en lugar de carretes. La primera y última vez que me había retratado, para la obra El amor propio, quedé asombrada al descubrir ese hecho. Tres tristes placas me tomó, en lugar de las decenas de disparos que solían hacer los fotógrafos con el objeto de obtener, al menos, una que aguantase la ampliación de más o menos un metro que se colgaba en el hall de los teatros. Por supuesto, de los protagonistas de la función. Cabrera lo solucionaba todo con el posterior "retoque", a consecuencia de lo cual, tras pasar por sus manos, todos parecíamos recién salidos de una exagerada operación de estética. Así de planchaditos.

Volviendo a Jesús, al que sobre todo las mujeres llamaban “Lourdes” por los milagros que hacía utilizando tan solo la iluminación perfecta, os contaré que a mediados de la primavera, inauguró su estudio en la calle Príncipe, justo en los altos del Teatro de la Comedia . No exagero un ápice si aseguro que la crema y nata de la profesión pasó por allí para ser retratada. Desde jóvenes starlets como Rosa Valenty hasta magníficas veteranas como Mary Carrillo. Y todas salían encantadas de verse rejuvenecidas o favorecidas, según lo que fuese necesario.

Ya que menciono a la Valenty os diré que en el mes de agosto de ese 1981 me embarqué, por primera vez en mi vida, en la aventura de participar en una cooperativa. De ella también formaban parte Pepe Ruiz,  Fabio León y ella.

La escasez de empresarios dispuestos a jugarse el dinero,  había forzado a los actores a reunirse en pequeños grupos, autofinanciarse el montaje de alguna obra de pocos personajes y entre todos compartir los gastos y   las       ganancias. Víctor Andrés Catena nos facilito un divertido texto, Piensa mal y acertarás, de la escritora inglesa Joyce Reinbourn y se ofreció a participar con nosotros en el proyecto. La obra cumplió de sobra con su propósito de entretener al público madrileño durante los meses del verano. Pero económicamente la experiencia fue un enorme fiasco.

Puesto que nuestro acuerdo era repartir el dinero en cinco  partes iguales el asunto no debía haber sido demasiado complicado. Pero, a consecuencia de nuestra nula experiencia al respecto, nos resultaba imposible controlar el taquillaje y a consecuencia, aunque viéramos el teatro bastante concurrido,  el dinero que llegaba a nuestras manos, tras haber previamente descontando  el 50 por ciento que se llevaba el empresario de paredes del Maravillas, era una miseria. Y si protestábamos siempre surgía una justificación; que si el teatro tenía un número de butacas reservadas para su uso  exclusivo, que si los vales de favor y las invitaciones habían sido muchas, en fin que nos tomaron el pelo a su plena satisfacción.  Huelga decir que salimos de aquella experiencia como gatitos escaldados, y decididos a no meternos más en “camisas de once varas".





 Con Pepe Ruiz en Piensa mal y acertarás


Ningún otro trabajo importante surgió en todo ese año. Por fortuna Jesús lo  tenía en abundancia y su prestigio crecía exponenciálmente. Mi madre, que envejecía con gran dignidad, disfrutaba de mi presencia en la casa y, para satisfacción de ambas, seguía gozando con sus traguitos de vino tinto acompañados por unas patatas a la brava que mi estómago,  ni en mis años más mozos, hubiese podido soportar.



No puedo terminar este capítulo sin recordar dos terribles atentados cometidos durante ese año.
Reagan introducido en el coche tras el atentado

El 30 de marzo, el presidente de EE.UU., Ronald Reagan, recibía un disparo en el pecho mientras salía de un hotel en Washington. La rocambolesca historia es esta: John Hinekley Jr., obsesionado con la actriz Jodie Foster, llevaba años intentando infructuosamente establecer contacto con ella. Creyéndose rechazado a causa de su anonimidad, decidió hacerse famoso matando al presidente del país. Por fortuna Reagan se recuperó con celeridad del balazo que le atravesó un pulmón y pudo reanudar su mandato.

Juan Palo II tras su atentado

Y el 13 de mayo, en la Plaza de San Pedro de la ciudad del Vaticano, el papa Juan Pablo II resultaba gravemente herido por Ali Agca, miembro de la extrema izquierda turca. Durante largo tiempo se temió por su vida y, en España, devotos y menos devotos vivimos angustiados su larga convalecencia. Aunque después de un tiempo reanudó las funciones papales, nunca llegó a recuperarse del todo.






Y hasta aquí lo referente al año 1981. En el próximo capítulo mis recuerdos serán un año más jóvenes y yo un año más vieja, pero aún con muchas vivencias que contar. Entre otras la historia de cómo un nuevo y adorable “personajillo”  hizo su entrada en nuestra vida.







P.D.

Acabo de leer un libro que me ha llegado al corazón. Todo un dechado de pura poesía, escrito con la sencillez y la profundidad con la que se plasman las verdades del alma; Lo que se ha salvado del olvido.

Aunque prevenida por las varias estupendas críticas que han llegado a mí, su lectura me ha gratificado doblemente, primero por su belleza y segundo porque su autor es Juan Cueto-Roig, mi amigo y  generoso "maestro". Con toda sinceridad os lo recomiendo. Me lo vais a agradecer.







Próximo capítulo.  Aventuras y desventuras de "Don José".







1 comentario:

  1. Ya me extrañaba a mí que con la calidad de sus fotografías, el Sr. Alcántara pasara despercibido para el resto de los colegas. Yolanda, a pesar de las vacas flacas, fueron buenos tiempos... cuánta experiencia acumulada!

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